Una anciana adinerada, una familia codiciosa y un testigo que no puede hablar, pero que lo sabe todo.
Emily Arundell es una mujer mayor, rica y de carácter firme que vive en una gran mansión rodeada de parientes parásitos que solo esperan su muerte para heredar su inmensa fortuna. Tras sufrir una sospechosa caída por las escaleras —la cual todos atribuyen a un descuido provocado por la pelota de su adorable perro dálmata, Bob—, Emily empieza a sospechar que alguien de su propio círculo íntimo está intentando asesinarla.
Asustada pero decidida a descubrir la verdad sin levantar alarmas, le escribe una carta confidencial al legendario detective privado Hércules Poirot pidiéndole ayuda. Sin embargo, por azares del destino, la carta tarda más de dos meses en llegar a manos de Poirot. Para cuando el detective belga la recibe y viaja apresuradamente a la residencia, descubre con horror que ya es demasiado tarde: Emily Arundell ha muerto formalmente por causas supuestamente naturales.
Convencido de que la anciana fue fríamente asesinada, Poirot se propone desenmascarar al culpable. El problema es que toda la familia tiene una coartada perfecta y un motivo económico de peso. Para resolver el enigma, Poirot deberá recurrir a toda su agudeza psicológica y prestar especial atención al único ser que presenció los hechos aquella fatídica noche: Bob, el fiel perro de la casa, el testigo mudo que tiene la clave para resolver el crimen.
